martes, 14 de octubre de 2014

De señales y sueños



Del catálogo de la muestra de Heriberto en la Galería De Santi (esmeralda 986-Ciudad Autónoma de Buenos Aires.     


 De señales y sueños

   Siempre la pregunta es acuciante: ¿por qué esta necesidad de cubrir una superficie de color, ese reclamo inconciente de establecer relaciones, vínculos y lazos imprevistos?
   Tal vez, consolidar un símbolo que nos remita a la condición vital de nuestro ser, aquello que secretamente emana de los impulsos que nutren nuestras vivencias.

   O acaso, encontrar esas fuentes de nuestras perentorias decisiones, que deben ser inmediatamente ejecutadas, so pena de correr el riesgo de dejar de pertenecernos a nosotros mismos. Una exigencia que empuja, que hace alarde de su poderoso juego, y que parece que nos anuncia la gratificación  o el castigo.  Y esto entre señales y sueños que nos avisan y advierten y que se aposentan en el espacio mágico del hacer artístico.
   
  No es una condena ni un sacrificio, es nuestro espíritu que transcurre, que hace su camino, su duración. Ignoramos la meta o mejor, es siempre pospuesta, apenas un resplandor, una vislumbre en el posible final del túnel.

    Es necesario entonces hablar de una génesis, de una creación, aquella que nos hace afirmar: “antes no existía”, alumbramiento al fin, nacimiento que parece justificarnos y que interroga a nuestras manos indagando su origen, siempre ignorado.
  
   Urdimos entonces una red de palabras que pueden interpretarse como justificación, pero que en sí mismas son incapaces de traducir ese hecho inusitado, esa pura sorpresa.
    No hay idioma que exprese ese momento de estar frente a la obra en pleno proceso y saber nuestra imposibilidad de darnos cuenta de qué está ocurriendo con ella, qué nos reclama, a qué nos desafía. Vernos así ante nuestra insignificancia por no poder discernir ese acontecer que nos desborda, esa invasión, ese allanamiento de nuestro enajenado corazón.

     Surge así el momento del epílogo del deseo: allí está la obra, haciéndose presente, desnuda, intransitada aún, en el momento preciso de su revelación.
     Sólo nos queda al fin, retornar a un comienzo, a un nuevo ciclo, a una nueva pregunta,  que no tiene respuesta.
  
                                                                                                     Heriberto Zorrilla