¿Qué espera de nosotros el
espectador? En principio un terreno sensible donde instaurar su propia siembra.
Que dejemos abierta la posibilidad de que él mismo al utilizar lo que refieren
nuestros materiales pueda ser capaz de concluir nuestra obra o alumbrar una
nueva. Y esta nueva es posible ya que el autor al hacerla, puede haber ido más
allá, sin proponérselo, ni buscarlo ni saberlo. El espectador puede ser también un descubridor.
Instalados en el terreno de las
inseguridades, de los posibles inesperados, “de lo preciosamente precario” como
escribió Borges, partiendo de la formulación de un caos, nos
empeñamos en configurar un cuadro en el que los elementos plásticos hablen por
sí mismos.